Sí, soy una adolescente que sufre en su propia sangre la crisis de valores y por mucho que intentemos rozar la perfección, nadie lo va a conseguir. La imperfección es lo que caracteriza al ser humano.
A la hora de ver las cosas desde fuera, me doy cuenta de que en este Reino Animal, gobierna la hipocresía, y el ser cínico está de moda. El rencor hace que la escarcha de mis vasos sanguíneos se convierta en hierro, forjado y esperando ser ensartado en la espalda de algún triste. Pero el odio... El odio hace hervir mi sangre, y la de todos.
Si tenéis oídos, escuchad. Sí tenéis boca, callad y no hagáis el ridículo. Si tenéis ojos, ved.
Hay que andar con pies de plomo y ganarse una buena reputación en esta sociedad marcada por jerarquías. A pesar de que digamos que lo que opinan los demás no nos importa, siempre importa.
Hoy no salgo de casa. Pensé que yo era especial, pero era igual de especial y única que el resto. Una más. ¿Quién no se ha sentido así?
No soporto la falsa modestia, no soporto a las víctimas, ni a la gente que cree vivir en una película, porque enseñan demasiado guión y te despiden nada más empezar el rodaje.
Somos adolescentes, montañas rusas de sentimientos y trenes pasajeros del amor. Pero sobre todo, somos personas, faltas de afecto, y aunque duela, es mejor escudarse con verdades.>>
Empaticé con la mayoría de vosotros mientras escribía las líneas superiores. He aquí una persona llena de complejos, que intentó tragarse su orgullo pero le entró indigestión y acabó vomitando realidades. Mis realidades. Las de todos.
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