Vida Perdida.

Olvídate de Dios, cíñete a lo que conoces.

martes, 27 de agosto de 2013

Flaquezas.

Dejó atrás los días en los que la tapa de su boli bic ocupaba su boca y comenzó a usar el humo como protector de sus pulmones. La trayectoria de su vida parecía haber mejorado, todo estaba en su lugar, estable y banalmente normal. Había acabado bachiller y optó por tomarse un año sabático antes de comenzar con la carrera en el que dejó Madrid para vivir en Barcelona un tiempo. Siempre solitaria, odiaba la compañía, exceptuando la de su cuaderno, bolígrafo, música y tabaco. Era feliz con poco viviendo en una ciudad con la que estaba comprometida desde pequeña. Se lo conocía como la palma de su mano, cada calle, cada playa y rincón, aunque sabía que aún le quedaba mucho por descubrir. Enamorada de ella, buscaba placer en cosas que ninguno de nosotros podríamos entender. Solo ella y su modo de capturar los segundos. Casi siempre le acompañaba su cámara, y a falta de ella, cerraba sus ojos como todos lo hacemos al besar para acordarnos siempre. Era una chica peculiar, 19 años llevaba a cuestas. La gente que la veía pensaría que era un tanto rara y de carácter estridente. Pero para ella no todo era ni había sido un camino de rosas, la ausencia de alguien que se preocupase por ella le hacía mella en su corazón cada vez más, dejándolo en ruinas y no había tregua. Tenía miedo a querer 'gracias' a que sus anteriores relaciones nunca habían salido bien. Pero podemos remontarnos al principio, un recuerdo que la torturaba cada noche y a casa paso que daba. Su padre y ella nunca llegaron a congeniar. Las paredes de su antigua habitación tenían escrito lo ocurrido aquella noche, llantos y dolor las impregnaban.

Supongo que ya os imagináis su cruz. Nunca tuvo padre, según ella. Deshizo todos sus recuerdos anteriores a los 12 años y los diluyó en mares de lágrimas en los que la vida se le escapaba en cada suspiro. Buscó consuelo en su musa retratando historias de gente que veía pasar, siempre con final feliz para así alejar las miserias y vivir en la ignorancia de lo que sentía. Estaba cansada de inventárselas y soñaba con vivirlas algún día.

Era 14 de febrero y lo que menos esperaba ese día era salir a la calle para sentir envidia de los demás. Un contratiempo o casualidad del destino le obligó a dejar su casa, anuló la frecuencia sonora de la calle, y vio lo que ella quería ver. Con la cabeza alta  y un cigarrillo recién encendido se adentró en la Rambla. De repente creyó escuchar su nombre desde un puesto de flores cercano a su edificio. Se acercó y el encargado le entregó una rosa roja junto con una nota :

"Llevo tiempo observándote, te estás consumiendo como el cigarro que te estás fumando en este mismo instante casi sin darte cuenta. No dejes que el pasado ahogue a tu presente y te quedes estancada en algo que sucedió hace muchos años. Tú me conoces, pero decidiste borrarme al igual que a muchas otras personas que te querían, pero no más que yo. Si quieres conocer mi identidad reúnete conmigo en tu portal cuando termines de leer esta nota. Siempre te he estado esperando."

Sin darse cuenta tenía una tierna sonrisa que conjuntaba con sus mejillas sonrosadas. Estaba desconcertada, creía saber quien era, pero ¿cómo podría estar allí esa persona? Por curiosidad dio la vuelta y puso rumbo a su portal. Ya entraba en la calle con los puños apretados y sudorosos por los nervios, pero allí no había nadie, solo una nota pegada a la puerta

"Fíate del destino, que no te engañen."

No sabía si alegrarse porque aún seguía sola y nadie la haría daño o si que sería que su corazón dejase de latir porque sus ilusiones se habían ahogado una vez más. Sin esperanzas aprovechó y abrió el portal entre carreras de lágrimas, y un hombre con la cabeza agachada estaba sentado en el segundo escalón de mármol. En cuanto ella estuvo dentro, él se puso en pie y le susurró secándole los pómulos con delicadeza "¿Por qué lloras, pequeña?" Ella lo sabía desde el primer momento en que leyó la primera nota y le dijo con los ojos húmedos y clavados en los de él "Sigues teniendo la misma letra que cuando éramos críos". Les faltó tiempo para que los centímetros que les separaban se convirtiesen en números negativos formando parte uno del otro. Volvieron a ser uno. Era su primer beso, aquel que les quedó pendiente cuando ella dejó de ser feliz hace muchos años. Los muros de su mente y corazón flaquearon dejando salir todo lo que no pudo decirle en el momento en que ella decidió borrarlo todo. Con el primer beso vino el segundo. y así se hicieron eternos. Siempre supieron que serían ocupas del corazón del otro.

Para los que no lo sepan, las personas que de verdad te quieren, esperan eternamente, las restantes son solo tomas falsas.
Este era su guión definitivo.