Mírala, está rota por dentro, ya ni siquiera oye su propia voz, le duele, le duele mucho y ya no sabe cómo pararlo. Aunque sus lágrimas sean claras, ella está gris, una dama vestida perpetuamente de un color apagado, entre el blanco y el negro. Sus días cada vez son más largos, o eso piensa ella, le han arrancado las motivaciones a mordiscos, desgarrándole lo que le quedaba de énfasis vital.
Los hombros que le fueron ofrecidos, han sido rechazados, ya no por orgullo, que de eso no le queda, sino porque no los necesita. Vaga sola por las calles, pero no busca nada, ni a nadie, eso ya lo hizo, y la desolación pudo con ella. Piensa que la raza humana no merece la pena, que solo un par se salva. Mantiene monólogos con la pared, ni siquiera esta es capaz de escucharla.
Ya no mira el móvil, no lleva relojes, vive en una noche eterna, a pesar de que a penas duerme. No mira la tele, no escucha la radio. Trabaja en el mercado, no se acuerda ni en cual, y lo que gana se lo gasta. No tiene recuerdos, no sabe su edad, aunque sea joven.
Necesita ayuda, la necesita a ella, a la mujer que fue suya durante tanto tiempo, la única que la comprendía, y la que la acompañaba a todos lados. Siente náuseas, impotencia, la quiere de vuelta, la ama. Era su adicción, una prostituta más, que si no la pagas, se te escapa de las manos. Su alma ya no está como antes, tampoco su cerebro después de tales impactos, después de ser abandonada nadie tiene el corazón bien estructurado.
Pero la dama gris había abusado de aquella mujer, y acabó despedida del trabajo, sin dinero, sin ella. Le sirvió la venganza, y se la sirvió en plato frío.
Ahora su única compañía es una carátula de un CD de Sabina, pero dentro no hay nada, está vacío, como ella. También lleva una litrona, una navaja y suele pasar las tardes en la calle Montera. Está buscando a su dama blanca, pero no recuerda que no tiene ni uno de 10.
Ha decidido internarse, cree que está demente, que la locura ha podido con ella, pero no sabe que en realidad lo único que ansía es una sustituta. Allí tienen citas, la primera fue a ciegas. Ahora está volviendo a sonreír, y a vivir de nuevo, ha vuelto a hablar y aún le queda tiempo para reconstruirse del todo. Solo quiere ser feliz.
Firmado: Una ex-heroinómana.

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