Vida Perdida.

Olvídate de Dios, cíñete a lo que conoces.

lunes, 14 de enero de 2013

85% vol.

Arrastrándose por las calles, ahí va, una más. Los adoquines desiguales y desgastados, brillan recubiertos por plata líquida, mientras ella camina sobre ellos con miedo a resbalarse, pero con paso firme a la vez que agotado. Su vestido estaba calado, desde el primer hilo de algodón hasta el último, aunque no le importaba. Su pelo, igual de oscuro que la noche, me dedicaba destellos cada vez que la luz de las farolas pasaba a través de las gotas que lo cubrían. Caminaba sin rumbo, parecía que derramaba dolor en cada paso que daba. Su cara lo reflejaba, necesitaba unos brazos que la apartaran de la lluvia. Soñaba con poder cerrar los ojos y encontrarse con él al abrirlos. Las calles de París estaban desiertas, y se sentó en una esquina, sola, seguramente necesitase estarlo.
Él ya había pasado por su vida, la hizo sentir especial, princesa por un tiempo, y ahora es una más. Ella le amaba, él amaba a otra. Duele, duele ver que te sustituyen. Duele darse cuenta tarde, y duele más aún no tener el valor suficiente para enfrentarse a él. 
Su corazón estaba en el suelo a estas alturas de la noche, lo recogió y lo ordenó como pudo. Se fue a casa. Abrió una botella de Absenta, lo que no comprendía es que torturando a los recuerdos con alcohol, no iban a desaparecer. Los llevaba marcados a fuego, por eso necesitaba cicatrizar. De momento se conformó con una anestesia de 85% vol.
Prendió una cerilla y encendió un cigarrillo, amanecía. Los primeros rayos de Sol traspasaban las cortinas color ocre. La luz le cegaba, quería dormir, es más, lo necesitaba. La botella quedó abierta, evaporándose, y el cigarro consumiéndose cada vez más deprisa. Sentía necesidad por mantener una rutina y una estabilidad. Los segundos, los minutos, las horas y los días, cada vez se hacían más largos esperando a que el amor volviese a llamar a su puerta. ¿Por qué tenía prisa? No se daba cuenta de que con prisa estaba muriendo de forma prematura.  Pero aprendió a ver el lado brillante de las cosas, aprendió que si buscas algo no lo vas a encontrar y que 'renovarse o morir'. Aprendió a reírse con la vida, a reírse de ella.

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