Él ya había pasado por su vida, la hizo sentir especial, princesa por un tiempo, y ahora es una más. Ella le amaba, él amaba a otra. Duele, duele ver que te sustituyen. Duele darse cuenta tarde, y duele más aún no tener el valor suficiente para enfrentarse a él.
Su corazón estaba en el suelo a estas alturas de la noche, lo recogió y lo ordenó como pudo. Se fue a casa. Abrió una botella de Absenta, lo que no comprendía es que torturando a los recuerdos con alcohol, no iban a desaparecer. Los llevaba marcados a fuego, por eso necesitaba cicatrizar. De momento se conformó con una anestesia de 85% vol.
Prendió una cerilla y encendió un cigarrillo, amanecía. Los primeros rayos de Sol traspasaban las cortinas color ocre. La luz le cegaba, quería dormir, es más, lo necesitaba. La botella quedó abierta, evaporándose, y el cigarro consumiéndose cada vez más deprisa. Sentía necesidad por mantener una rutina y una estabilidad. Los segundos, los minutos, las horas y los días, cada vez se hacían más largos esperando a que el amor volviese a llamar a su puerta. ¿Por qué tenía prisa? No se daba cuenta de que con prisa estaba muriendo de forma prematura. Pero aprendió a ver el lado brillante de las cosas, aprendió que si buscas algo no lo vas a encontrar y que 'renovarse o morir'. Aprendió a reírse con la vida, a reírse de ella.
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