Vida Perdida.
Olvídate de Dios, cíñete a lo que conoces.
martes, 15 de enero de 2013
No estoy.
A primera hora ya me encontraba mal, ni siquiera quería buscarme, me abordaban las náuseas de solo pensarlo, y a cada clase que pasaba, una arcada sucedía a la anterior. Un dolor interno carcomía mis intestinos, dejando entrever algún que otro espasmo cada 'x' tiempo. Última hora, filosofía y el diálogo del 'banquete' de Platón, no podía tocar otro tema. El amor no era algo de lo que necesitase hablar en ese momento, era como hurgar en la llaga que no paraba de supurar. Me escocía pensar que había perdido el tiempo, y durante este a mis amigos. El hecho de que me absorbiese, no lo ví hasta semanas atrás, después de un largo y astillado año acompasado con el ritmo lento de mis días. La respiración se agarraba cada vez más a mis costillas, quitándome el aliento, o reservándolo para el discurso de después. Fui al baño tan deprisa como mis pies pudieron, las arcadas ya eran incontrolables, cerré el pestillo y de rodillas vomité mi miedo. Tuve que mirar mi reflejo para saber que aún era yo, y recordar quién era y de que estaba lo suficientemente dotada como para confesárselo. Al mismo tiempo que recogía mis libros, mis ganas de escapar ya habían cruzado el umbral de la puerta. Fui la primera en salir y la última en darse cuenta, estaba nublada.
Mis piernas temblaban más que las hojas a punto de caer en los últimos días de otoño, tanto por el frío como por la situación, así que tuve que sentarme, poco tiempo, ya le veía salir por la puerta. Venía hacia mí, me levanté, se acercó para robarme un beso, pero yo le robé el alma al mantenerme esquiva. El gesto pasó de ser un 'Te quiero' a ser un 'Lo sabía'. La tirantez que había quedado en su rostro, hacía irrevocable mi intención.
'Se acabó, no estoy preparada para nadie.' La ausencia de una contestación me empujó a darme la vuelta e irme. Me asió del brazo a penas sin fuerza, y le miré con entereza, sus ojos parecían calles de Londres en invierno, igual de grises y ahogados. 'Lo siento' y continué. Mis prioridades quedaron claras y las suyas se vinieron conmigo, alejándole cada vez más de sí mismo.
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