Vida Perdida.

Olvídate de Dios, cíñete a lo que conoces.

domingo, 20 de mayo de 2012

The last to know.

Corría el mes de Abril, algo caluroso para mi gusto, los árboles presentaban ya la armonía de la primavera, las flores llenaban las calles de color, sobre todo La Rambla de Barcelona, aquel interminable paseo que finalizaba su recorrido bastante cerca de la estatua de Colon, creo recordar. Un intenso olor a fruta me invadió por dentro, venía del mercado de la Boquería, me aproximé, y lei el cartel en el que se ofertaban los mejores batidos del mundo, aún noto su insuperable sabor en mis papilas gustativas,
Salí de la horda de gente que llenaba los pasillos del mercado y caminé en línea recta. Uno de los puestos de flores, me llamo muchísimo la atención, algo me decía que allí tenía algo que comprar, y así era, las rosas, más rojas, de un color incandescente, que podría haber visto nunca. Me llevé una docena, seguro que a ella le encantarían, después de todo, no todos los días llegas a cumplir 10 años...
Caminé por calles de cuento, aquellas que conocía como la palma de mi mano, hasta llegar a la playa de la Barceloneta, donde nos habíamos citado a las 3 de la tarde. Me sente en la grava cercana al mar, estaba en calma, e incluso había niños jugando en el agua. Pasaron las horas, no había señas de ella, y decidí llamarla. Su móvil estaba apagado. Recogí el ramo de la arena, me calcé y fui camino a casa. Antes de entrar al portal, miro el Sex Shop de en frente de mi casa, está lleno de damas de compañía y siempre habría pensado quién sería el hombre que pagaría por obtener un poco de sexo. Salí de mis pensamientos, un tanto eróticos y subí las escaleras, hasta el 4º piso. Saqué la llave del bolsillo y entre en la casa, mirando al techo, era la primera vez que me fijaba en que tenía una inmensa altura. Continué cabizbajo hasta mi dormitorio y cuando abrí la puerta, mi corazón quedó congelado, y las rosas cayeron al suelo rompiendose en miles de trozos, como si cristal fuera. Tras 10 años de espera, la caja con el anillo aún seguía en mi bolsillo.

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