Lluvia... Me hace rememorar buenos momentos, sobre todo su olor, ese olor penetrante a tierra mojada, que circula por tu cuerpo hasta llegar a donde se encuentran tus recuerdos. Esos días en los que te acurrucas en un rinconcito de tu habitación, divisando cada gota por la ventana, y comprobando cual de todas llegará antes al final del cristal. Eso te da pie a pensar, otro concepto bastante complejo, porque depende de cómo lo mires, puede ser beneficioso o no serlo. La mayoría de las veces suele no serlo, piensas en los sitios sobrantes en la mesa, en el hueco que falta por ocupar en tu cama, en llegar a casa, y encontrarla vacía, sin vida. Otras veces, piensas en los problemas de los demás, intentando buscar soluciones. aunque primero deberías tratar de encontrar una para los tuyos. Retrocedes tiempo atrás, a los días en los que eras un crío, que solo se preocupaba por ponerse las botas de agua, para salir a pisar desaforadamente los charcos, haciendo salpicar miles de gotas que te ponían la ropa cual cuadro de Picasso.
Pues hoy, día de lluvia; cogeré una manta, un cola-cao, y miraré por la ventana, quizás el día se me pase antes, y caiga la noche, para así hacerme un hueco en su quietud.
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