Así que le pregunté, a lo que él me respondió que con la contestación anterior ya me había respondido. Leí de nuevo, y ciertamente, comprendí lo que me había querido decir. Abrí una nueva conversación, la suya, la que todas las noches abría la primera, la que cada vez que parpadeaba me sacaba una ligera sonrisilla torciendome la comisura izquierda. Y me decidí a decirle el motivo de mi confusión. Él lo era, curiosamente, la cosa era recíproca, así que quedamos al día siguiente para hablarlo. Nos encontrabamos en el cine, a punto de ver una peli, preciosa por cierto. Ya iba por la mitad, cuando noté que algo me acariciaba con ternura y timidez al mismo tiempo la mano derecha; me dispuse a reaccionar del mismo modo. Acabada la peli, subimos a una terraza, y llegó el momento de hablar lo de la noche anterior. No sabíamos por dónde empezar, así que tres palabras hicieron falta para deshacerme por completo. "¿Quieres salir conmigo?" Creo que la respuesta estaba clara, y dije "sí", un sí que me cambiaría de arriba a abajo, el que hace que se me ponga cara de tonta cada vez que se me acerca, y sí, hablo en presente. La vida me ha cambiado en muchos aspectos, uno de ellos eres tú, he vuelto a ser feliz.
Te quiere, Áurea.
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